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Cómo sobrevivir a tu primera vez en un gimnasio

26 octubre, 2017


Hello!


Hoy te traigo un post algo personal e inspirado por una amiga. No voy a decir su nombre porque me puede matar, pero de todas maneras no es necesario porque estoy segura de que lo que te voy a contar aquí nos ha pasado a todos alguna vez en la vida. Me refiero a:


Primer día en el Gimnasio


Hace cuestión de tres o cuatro semanas, mi amiga X me comentó que se quería apuntar a un gimnasio pero que no tenía ni idea de a cuál y quería saber qué tal es el gimnasio al que voy actualmente.


Sinceramente me sorprendió y me alegró mucho la noticia porque en 35 años que tenemos y sin contar las clases de Educación Física del instituto, el único deporte que ha hecho ha sido natación durante unos 8 meses, por lo que ella me ha dicho.



Al final decidió apuntarse a mi mismo gimnasio porque le venía bien por varias razones y además así no se vería tan sola. Así que el jueves pasado por la tarde me mandó un mensaje con una foto: la foto de su nuevo carné de socia. Y detrás de ese mensaje, llegaron tres más con un montón de preguntas, más una llamada de teléfono con más dudas, preguntas y una frase llena de ansiedad:


 “Ana, estoy histérica. Me siento como si fuera mi primer día de colegio”.



Sinceramente, no recordaba lo angustioso que puede ser el primer día en un gimnasio. Mi primer día fue hace muchos años ya y no me acordaba, pero fue algo un poco angustioso también.


Tenía 15 años y durante el curso había ahorrado algo con el dinerillo que mi madre me daba a veces para salir o de lo que sacaba dando alguna clase de inglés, así que en cuanto llegaron las vacaciones me apunté a uno de los dos únicos gimnasios que había en el barrio porque quería hacer algo más que correr durante el verano. Era una nave industrial sin aire acondicionado donde entrenar en pleno agosto a las 12.00 era como estar en una sauna vestido de buzo.


Ahora que hago memoria, también me hice las mismas preguntas que me hizo mi amiga y con la misma ansiedad, porque aunque estaba acostumbrada a hacer deporte, nunca había estado en un gimnasio.





Para colmo, cuando entré, la escena me angustió más aún:




  • Ellos, un montón de hombres sudorosos levantando pesas o golpeando un saco. 



  • Ellas, un pequeño grupo de amas de casa encerradas en una sala más pequeña haciendo aerobic con una monitora chillona y un look tipo Jane Fonda. 



  • Yo, una adolescente acostumbrada a entrenar en equipo, con cara de despiste y una camiseta fea de publicidad de algún negocio familiar. 

Estaba claro que yo no encajaba en ninguno de los grupos. No quería hacer aerobic, me sentía ridícula, pero tampoco me reconocía en el grupo de machotes chorreando testosterona. Así que hice el esfuerzo y probé lo del aerobic.


El resultado fue espantoso: aquello no era para mí.


Pero estaba decidida a volver cada día, sobre todo porque haber pagado la mensualidad era un gran golpe para mi economía adolescente, así que al día siguiente probé a quedarme en la sala de pesas…y ¡oh, sorpresa!


Aquello me encantó.



Claro que desde aquel día, han sido muchas horas y muchos días rodeada de máquinas, pesas y “musculitos” por lo que aunque me he cambiado de gimnasio muchas veces (incluso cuando he vivido en el extranjero he ido a alguno), es un entorno en el que me siento ya muy cómoda.


Vestida con ropa de deporte y levantando pesas o corriendo por la calle me siento más cómoda que si me tengo que poner un vestido de fiesta y unos tacones. Pero sé lo incómodo que puede ser para alguien que nunca ha estado en esa situación.



El viernes fue el primer día de mi amiga. Le aconsejé venir precisamente en viernes porque es un día que hay poca gente y pensé que no solo el impacto emocional sería menor sino que además podría presentarle con más calma a los entrenadores y luego tendría el fin de semana por medio para asimilar la experiencia.


Si te cuento que me estuvo mandando mensajes con preguntas incluso cuando yo ya estaba en los vestuarios, no estoy exagerando. Pero el punto álgido llegó cuando entró en la sala de pesas (que estaba prácticamente vacía), me acerqué a ella para recibirla y me dijo:


“Ana, qué agobio, qué de gente. Creo que me voy a mi casa. Mira qué pinta llevo”. 


Te aseguro que su pinta era absolutamente normal. No desentonaba con nada de lo que allí había y nadie la miraba.



Por esto, se me ocurrió escribir este post. Porque son todas esas preguntas las que luego, cuando llega el momento, causan un montón de ansiedad pero que no te atreves a preguntar porque parecen dudas muy tontas o superficiales.


¿Qué se pone la gente para ir al gimnasio? 


¡De todo!  Lo lógico y normal es ropa de deporte, pero te aseguro que he visto de todo en todos estos años. Señoras con cuñas de esparto, gente en pantalones vaqueros, chanclas… Así que olvida lo que llevan los demás.


¿Qué tengo que llevar? 


Una toalla, un candado con llave por si las taquillas lo necesitan y una botella de agua por si no hubiera fuentes. Si te piensas duchar allí, pues tus cosas para ducharte.


¿Y para qué tengo que llevar una toalla? 


Para no dejar tu sudor por todas las máquinas. Y por favor, no omitas esto. Es muy desagradable ir a sentarte en un banco y encontrártelo todo pringado, y esto sí que puede ser motivo para que la gente te mire mal.


¿Y me van a mirar?


Pues claro que te mirarán. Te mirarán igual que cuando andas por la calle, vas al supermercado o entras en la frutería. Las personas tenemos los ojos para mirar, ¿nunca te habían dicho eso?


¿Y se reirán de mí?



¿Por qué se tendría que reír alguien de ti? La gente va allí a relajarse, desfogarse y hacer deporte.


Cada uno está a lo suyo, pensando en sus cosas, y aunque cuando llevas tiempo es normal que la gente se conozca, se salude y hable, la finalidad no es cotillear o burlarse de los demás. A pesar de que haya algunas malas excepciones, en todos los gimnasios en los que he estado, suele haber muy buen ambiente.


Me da vergüenza porque estoy en muy mala forma / me veo muy gordo/a y todo el mundo allí está genial.


¿Sabes qué siento y pienso cuando veo a alguien con serios problemas de sobrepeso o muy mala forma física en el gimnasio? Esto:


 “Admiro tu determinación. Hay que tener mucho coraje para tomar las riendas y querer cambiar lo que llevas haciendo tantos años”.


De hecho, si no tuviera el temor de parecer idiota o de que creyesen que les estoy vacilando, más de una vez me gustaría acercarme a esa persona y decirle que tiene todo mi respeto y admiración. Y te aseguro que esto mismo es lo que opinan otras muchas personas que andan por allí.


Por si no lo hubieras visto cuando lo colgué en Facebook, te dejo ahora este vídeo que representa muy bien a lo que me refiero.




¿Y si no sé hacer las cosas?

Lo extraño sería que supieras y para eso están los monitores y entrenadores. No tengas miedo a preguntar, es su trabajo, les pagan por ello y en la mayoría de los casos les encanta hacerlo. Además:


Todo experto en algo, alguna vez también fue novato.

(

Twitealo

)



No sé cómo comportarme, me siento incómodo/a con esta ropa y haciendo estos movimientos

Para eso hay una solución infalible: SONRÍE. Te aseguro que alegrarás el día de los demás, el tuyo y la gente no notará que te sientes incómodo/a.


Ahora, ¡cuéntame tú! ¿Cómo fue tu primer día en un gimnasio? ¿Tienes alguna anécdota graciosa o algún truco para pasar el mal rato? Y si sabes de alguien a quien pueda servirle este post, compártelo.


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Besos


Ana

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